Creer en dios es como enamorarse. No es algo racional, es algo ciego, algo pasional, algo que no se piensa, se siente. Creer en dios libera porque es una personalidad invisible en la que puedes echar tus cargas y descansar. Realmente quisiera poder sentir eso. Envidio la paz que se debe sentir después de orar y ese orgullo al orar por los demás. Los ateos somos víctimas de la realidad que nos doblega. A veces la verdad no libera, a veces la ignorancia es un don casi tan precioso como la inexistencia. Los ateos no vivimos en paz, vivimos amargados y criticando porque ninguna conducta humana, nunca, va a ser del todo intachable. Nos sentimos superiores y estamos tan lejos de serlo. Tal vez creer es cuestión de decisión de aceptación, de resignación cuando la vida se vuelve ingobernable, cuando los amigos no bastan y la familia traiciona.

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