A imagen y semejanza


Querido Dios

¿Puedo morir ya? Es que estoy cansada y nada de lo que viene me motiva. Soy tan perezosa que prefiero morir ya que seguir viviendo. No soporto lidiar con mis defectos y con los defectos de los demás. Estoy cansada de pensar en consecuencias, estoy cansada del orden y también de la anarquía. Dios, estoy cansada. Concédeme el descanso eterno, condéname.

Estoy cansada de seguir un modelo de vida generalizado y de no poder vivir otro. Déjame ir, Dios, porque no entiendo la vida. No tengo algo concreto a lo que aferrarme, algo palpable, solo tengo sueños y posibilidades que cada día que pasa, cansan más.

Cuando creía ciegamente en ti fui muy feliz, no voy a negarlo. Pero me pasó lo que siempre me pasa: me aburrí. Me aburrí de seguir reglas y hacer lo mismo durante 17 años, perdóname. Perdóname por todas las cosas locas que se me han pasado por la mente. Es que soy débil, tu me conoces mejor que yo misma. No sé si le estoy escribiendo a un fantasma o es que esto es un homenaje a mi pasado.

Dios, sería lindo que, en verdad, existieras pero que dejaras de hacer experimentos con todo lo que has creado en el universo. Aunque, bueno, no te culpo, debes estar igual de aburrido que yo y ese aburrimiento no te hace imperfecto, de hecho, te hace un dios incluso más interesante y complejo.

Pero, bueno, está bien. Si no quieres concederme el honor de morir joven, entonces has que un día despierte siendo hombre, y luego una persona famosa y al día siguiente has que el tiempo pase rápido para que yo pueda cumplir mi sueño de vejez (en los pocos días en los que puedo verme a mi misma viviendo mucho tiempo), sentada en la terraza de una casa grande, de ladrillo rojo, en Teusaquillo, en un día lluvioso, vistiendo un chal rojo, rodeada de plantas de toronjil y marihuana.

Comentarios