¿Será normal que me aburra de la gente así tan rápido y como si nada?
¿Será que me mentalicé tanto de que este capítulo estaba cerrado que ya no me siento capaz de reabrirlo?
¿O tal vez me convertí en uno de esos seres asexuales que tanto critico?
En realidad no sé, no sabría como responderme esos interrogantes. Pero ese día después de hacernos los "maricas" y pretender que solo estábamos ahí por motivos laborales, no sentí nada, ni siquiera excitación.
Y me dejé hacer de todo dándole una oportunidad al destino para mejorar nuestro encuentro...Y no la aprovechó.
Sus besos no tenían esa carga de adrenalina que era lo que los hacía adictivos. Sus caricias no las sentía lujuriosas, no concordaban con su cara. La manera como nos movíamos no era armoniosa, no se sentía dependiente. Todo fue tan rápido, tan fugaz como todo lo de nosotros, pero esta vez lo suficiente como para sentirlo así.
Por primera vez con él tuve que fingir. Qué decepcionante fue estar en el lugar que habíamos anhelado estar, hacer todo lo que habíamos planeado...Y que fuera mejor en mi imaginación.
Solo me quedó vestirme, arreglarme y salir por la puerta sin un beso de despedida, salir rápido sin poder creer lo que había pasado para no verle esa cara de satisfacción no compartida, salir con la misma expresión dura con la que entré. Ser esa perra fría y sin sentimientos que había soñado ser y que hoy siento que ya soy.
Amigo, que irónico es el hecho de que no puedo dejar de sentirme incómoda cuando estoy contigo en situaciones no sexuales, simplemente no sé de que hablarte, no sé que te gustaría que dijera.
Nos entendíamos mejor en la cama pero estando ebrios.
Solo aléjate de mí, porque hoy descubrí que cuando te vayas no voy a extrañar tus besos ni nada de lo que me has dado. Ve y regálale tu pasión a la mujer que realmente quieres, esa de la que te enamoraste, de la que piensas que no tengo ni idea. Tal vez a ella si la llenen y la entusiasmen tus demostraciones.
Soy muy cerrada como para decirte de frente que te aprecio y eres genial. No eres tú, es esa mala costumbre que tengo de aburrirme de lo que alguna vez me ha hecho feliz. Pero gracias por demostrarme una vez mas que todos los hombres son iguales, que son débiles y se les olvidan sus sentimientos cuando se les presenta "el papayaso" y por recordarme que llevo un tesoro entre mis piernas, que puede doblegar amores y orgullos.
(Fotografía por Jean-Philippe Lebée)

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